Tratamiento de la ansiedad y la angustia
La ansiedad y la angustia forman parte de la experiencia humana y pueden aparecer en distintos momentos de nuestra vida. Sin embargo, cuando se convierten en estados persistentes, intensos o difíciles
de comprender, pueden llegar a limitar nuestra vida cotidiana, afectar nuestras relaciones y generar un profundo malestar.
Desde una perspectiva psicoanalítica, es importante escuchar qué expresa la ansiedad para cada persona y qué lugar ocupa la angustia en su historia particular. Más allá de los síntomas visibles, el psicoanálisis busca comprender aquello que se encuentra detrás del sufrimiento y que, en ocasiones, permanece inconsciente para quien lo experimenta.
¿Qué diferencia existe entre ansiedad y angustia?
Aunque en el lenguaje cotidiano ansiedad y angustia suelen utilizarse como términos similares, desde una perspectiva psicoanalítica podemos distinguir diferentes formas de experimentar el malestar. La angustia puede entenderse como una respuesta que aparece ante situaciones que tienen una especial importancia para nosotros o que nos enfrentan a algo incierto.
Está relacionada con nuestro deseo y con nuestra implicación subjetiva en aquello que vivimos. Una cierta tensión puede formar parte de la vida y acompañarnos ante situaciones que requieren nuestra atención, preparación o capacidad de respuesta. Por ejemplo, es posible experimentar cierta inquietud ante un examen, una entrevista de trabajo, una decisión importante o un acontecimiento que genera incertidumbre. En estas circunstancias, la angustia puede movilizarnos y prepararnos para afrontar lo que está por venir. Ésta es una angustia estructural. Pero cuando ya se padece en el cuerpo, cuando hay síntomas físicos, se expresan en el cuerpo. Puede aparecer sensación de ahogo, mareo, vértigos, sudoración, temblores, palpitaciones, aceleración del ristmo respiratorio o circulatorio, hipersensibilidad ante determinados estímulos, alteraciones intestinales, cansancio persistente …
La ansiedad, en cambio, puede estar más vinculada a una preocupación constante, a la anticipación de acontecimientos futuros y a una tendencia a imaginar escenarios negativos. La persona puede sentirse atrapada en pensamientos que se adelantan continuamente a lo que podría suceder, con dificultad para esperar, tolerar la incertidumbre o aceptar que no todo puede estar bajo control.
Muchas personas sienten una necesidad permanente de anticiparse a los acontecimientos. Intentan planificar cada situación, prever todos los posibles resultados y controlar aquello que ocurre a su alrededor. Cuando esta necesidad se vuelve excesiva y la preocupación ocupa gran parte de la vida cotidiana, puede aparecer un estado de malestar persistente.
Cuando la ansiedad o la angustia se presentan con una intensidad elevada, se mantienen durante largos periodos o comienzan a interferir en la vida personal, profesional o afectiva, es muy importante consultar con un profesional, una terapia psicoanlítica. Ya hay una afectación, una forma de posicionarse frente a cuestiones de su vida. No debemos normalizar esto. Es necesario un tratamietno psíquico.
¿Cómo se manifiestan la ansiedad y la angustia?
La ansiedad puede expresarse de diferentes maneras. No todas las personas la experimentan de la misma forma y los síntomas pueden variar tanto en intensidad como en duración.
En algunos casos, el malestar se manifiesta principalmente a través de pensamientos y emociones. En otros, el cuerpo adquiere un papel protagonista y aparecen síntomas físicos que pueden resultar muy desconcertantes.
Entre las manifestaciones más habituales de la ansiedad y la angustia se encuentran:
• Preocupación constante por lo que puede suceder.
• Sensación de inquietud o nerviosismo permanente.
• Dificultad para tolerar la incertidumbre.
• Necesidad de controlar las situaciones y anticipar los acontecimientos.
• Pensamientos pesimistas o catastróficos.
• Sensación de que algo malo está a punto de ocurrir.
• Dificultad para relajarse.
• Opresión en el pecho o sensación de ahogo.
• Palpitaciones y aceleración del ritmo cardíaco.
• Respiración rápida o dificultad para respirar.
• Sudoración excesiva.
• Temblores.
• Mareos o sensación de vértigo.
• Hormigueo o adormecimiento en las extremidades.
• Náuseas y molestias digestivas.
• Alteraciones intestinales.
• Cambios en la relación con la alimentación, como atracones.
• Cansancio y agotamiento persistente.
• Hipersensibilidad ante determinados estímulos, como los ruidos.
• Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
En algunas personas, estos síntomas pueden aparecer de manera repentina y alcanzar una intensidad muy elevada. Es entonces cuando pueden producirse los conocidos ataques de ansiedad o ataques de angustia. . El cuerpo y la vida psíquica están estrechamente relacionados, por lo que el malestar emocional puede tener también una expresión física.
Ataques de ansiedad y crisis de angustia
Un ataque de ansiedad puede comenzar de forma inesperada y provocar una sensación muy intensa de miedo, descontrol o peligro inminente. La persona puede sentir que algo grave está sucediendo, incluso cuando no existe una amenaza externa evidente.
Durante una crisis pueden aparecer síntomas como:
• Palpitaciones intensas.
• Sensación de falta de aire.
• Opresión o presión en el pecho.
• Sudoración.
• Temblores.
• Mareos o sensación de desvanecimiento.
• Sensación de muerte inminente.
• Miedo a perder el control.
• Temor a volverse loco o a no poder recuperar el control de uno mismo.
Ansiedad, estrés y depresión
La ansiedad puede aparecer relacionada con situaciones de estrés, con momentos de cambio o con determinadas experiencias vitales.
Sin embargo, no siempre es sencillo identificar qué está provocando el malestar. En algunas personas, la preocupación constante y la tensión terminan produciendo un agotamiento emocional que puede afectar a diferentes áreas de su vida. La dificultad para descansar, la pérdida de
interés por actividades cotidianas o el sentimiento persistente de malestar pueden requerir una valoración profesional para comprender qué está ocurriendo.
La ansiedad, el estrés y la depresión pueden compartir algunas
manifestaciones, pero no significan lo mismo. Por ello, resulta importante realizar una escucha clínica individualizada que permita comprenderla singularidad de cada caso. Desde el psicoanálisis, el objetivo no es etiquetar el sufrimiento, sino escuchar al sujeto y comprendercómo se relaciona ese malestar con su historia, sus vínculos, sus deseos y sus conflictos inconscientes y ayudarle a producir una transformación en su manera de reaccionar, de posicionarse en su vida.
Tratamiento efectivo para la ansiedad y la angustia
Desde el psicoanálisis, los síntomas de ansiedad y angustia no se consideran únicamente como algo que debe eliminarse. Se busca comprender qué significado tienen para la persona y qué conflictos inconscientes pueden estar relacionados con su aparición. El síntoma puede estar expresando algo que el sujeto desconoce o que no ha podido elaborar conscientemente. Por ello, el tratamiento psicoanalítico ofrece un espacio de escucha en el que la persona puede hablar libremente sobre aquello que le preocupa, le angustia o le genera sufrimiento.
El proceso psicoanalítico puede ayudar a la persona a identificar los conflictos que sostienen su ansiedad, comprender mejor su relación con el deseo y afrontar de otra manera aquellas situaciones que generan incertidumbre o angustia. En este sentido, el objetivo no consiste únicamente en dejar de sentir ansiedad, sino en poder construir una relación diferente con aquello que provoca el malestar y encontrar nuevas formas de afrontar las experiencias emocionales.
¿Cuándo debería pedir ayuda por ansiedad?
Padecer de ansiedad o angustia ya es indicativo de lo conveniente de comenzar tu tearpia, no hay que normalizarla o aprender a convivir con ella. Ya hemos indicado que cierta cuota de angustia es necesaria, pero no se tiene por qué padecer, interferir en tu vida cotidiana.
Si interfiere en tu vida diaria, afecta a tus relaciones, dificulta el descanso o provocan un sufrimiento persistente, es recomendable consultar con un profesional. Buscar ayuda permite comprender qué está ocurriendo y encontrar un espacio para elaborar el malestar, transformar esa estructura psíquica en uno/a. Dejar pasar el tiempo hace que se instale esa forma de responder ante las situaciones anímicas.
Recomendamos consultar para no agravar o cronificar la manera, el uso, de nuestros mecanismos psíquicos, la fijación en la forma de reaccionar. Sabemos que hay cosas de nosotros/as que no se controlan, hay una parte inconsciente de nuestra personalidad. La ansiedad, la angustia, el estrés son modificables. Pide tu cita, comienza a encontrarte mejor.